El conserje registra quién entra y las encomiendas que llegan. El vecino recibe el aviso en su teléfono al instante.

Se mueve sola · deslizala para verla entera
Cada una sale de un problema que una comunidad ya tiene: el vecino que reclama por un auto, el paquete que nadie sabe de quién es, el turno que se cambió y nadie recuerda quién dejó entrar a esa visita.
Cada visita queda con el nombre, la casa, la hora de ingreso y la patente si venía en auto. La hora la pone el servidor, no el teléfono: el reloj de un aparato puede estar mal, y una visita con la hora equivocada es un problema real el día que alguien reclama. La respuesta sale en segundos, y no de leer cien líneas de cuaderno.
Cuando alguien entra a su casa, al vecino le llega una notificación con la app cerrada. No tiene que bajar a preguntar ni revisar un grupo. El aviso dice quién es y si venía en auto, que es lo que necesita saber para decidir si le abre.
Cada vivienda tiene su lista de personas a las que no hay que dejar pasar. Si una de ellas se presenta, al dueño le llega el aviso con el nombre y con quién lo anotó —aunque no sea él quien está esperando— y recibe otro cuando esa persona se va. La lista es de la vivienda: ningún otro vecino la ve.
El teléfono de la conserjería pasa de mano en mano, así que cada turno se abre con el nombre de quien está en la reja. Todo lo que se registre después queda a su nombre. El cambio de turno deja de depender de lo que alcance a contarle el que sale al que entra.
Cada paquete queda anotado con su casa, qué es y para quién es, así dos que llegan el mismo día a la misma vivienda no se confunden. Cuando el vecino lo retira queda registrado quién lo retiró. Un paquete que lleva cinco días esperando está en la lista, con nombre y fecha, en vez de ocupando lugar sin dueño.
Cortes de agua, asambleas, mantención del ascensor. El administrador los publica una vez y llegan al teléfono de cada vecino, en vez de quedarse en un cartel del hall que nadie mira o en un mensaje dentro de un grupo que quedó silenciado hace meses.
Si la notificación se pierde —o llega mientras duerme— la visita no desaparece: tiene su historial, el de hoy y el de los días anteriores. Y ve solo las visitas a su casa; las de los demás no las puede leer, y no porque la pantalla las esconda, sino porque el servidor se las niega.
El vecino y el conserje entran escribiendo el código de su comunidad. No hay correo, no hay contraseña que se olvide y no hay que aprobar a nadie. El rol no lo elige quien entra: lo decide el código que usó. Y por eso tampoco hay contraseñas de vecinos guardadas en ningún lado.
El administrador ve quién vive y quién trabaja en la comunidad, da de alta y de baja, y corrige las torres y los sectores cuando haga falta, sin crear la comunidad otra vez. Si alguien se va, se lo elimina y su cuenta se borra con él. El conserje tiene las viviendas para su trabajo, pero no los nombres de los vecinos.
No hay nada que configurar ni a nadie que capacitar. De izquierda a derecha, esto es todo lo que hay que aprender.






Capturas de la app en un teléfono Android, con los datos de una comunidad ficticia de ejemplo.
Ninguno de estos problemas es grave hasta el día en que alguien pregunta. Y ese día, el cuaderno no tiene la respuesta.
Una hoja se puede borrar, perder o quedar a medias. Cuando un vecino reclama por un vehículo mal estacionado, o hay que saber quién entró el martes, un cuaderno escrito a mano obliga a leer cientos de líneas para encontrar una.
Sin una notificación que llegue al teléfono, el vecino descubre que tiene visita cuando ya están tocando el timbre. Si no estaba, se enteró al volver —o no se enteró nunca, que es lo que de verdad preocupa.
Un paquete que lleva cinco días en la conserjería ocupa lugar, molesta y nadie sabe a quién avisarle. Sin un registro de qué llegó y para qué vivienda, la única salida es esperar a que alguien lo reclame.
El conserje que sale le cuenta al que entra lo que se acuerda: quién está adentro, qué quedó pendiente, a quién no se le abrió. Lo que no se dijo, no existe. Aura deja el turno anotado en el teléfono, en vez de depender de la memoria de quien salió.
Cualquier teléfono Android 8 o superior. El vecino y el conserje no pagan nada: el servicio lo contrata la comunidad.
Tu administrador te da el código que te corresponde. Se escribe una vez, con tu nombre y tu vivienda, y ya estás adentro. Sin correo ni contraseña.
El conserje registra la primera visita y el vecino recibe el aviso. No hay nada que configurar ni a nadie que capacitar.
Porque un grupo no deja registro, y un grupo que avisa a todos de todo termina silenciado. Aura hace una cosa: que cada visita quede anotada y que el vecino se entere de la suya.
Cada visita queda anotada con quién entró, a qué vivienda, quién la registró y si venía en auto. La hora la pone el servidor, no el teléfono: el reloj de un aparato puede estar mal, y una visita con la hora equivocada es un problema real el día que alguien reclama quién entró.
Aplicación Android con notificaciones del sistema. El aviso llega al teléfono del vecino aunque la app esté cerrada — no depende de que alguien deje una pestaña abierta ni de que mire un grupo a la hora justa.
Un residente no puede leer las visitas de los demás. No es que la pantalla las esconda: no las puede pedir, y el servidor se lo niega. Las reglas viven en la base de datos, no en el dibujo de la pantalla, así que da igual que alguien manipule la app.
El rol lo decide el código con el que se entra, no lo que la app declare. No hay correos ni contraseñas de vecinos guardadas en ningún sitio. El conserje tiene las viviendas que necesita para su trabajo, pero no los nombres de quién vive en cada una.
Sin contratos de permanencia y sin letra chica. Elige el plan según el tamaño de tu comunidad y te lo cotizamos.
Para digitalizar la conserjería. Nada más.
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Con estos datos te contestamos con el valor para tu caso. El precio se cobra por vivienda, así que no hay una cifra única que sirva para todos.
Se usa solo para responderte. No mandamos publicidad ni compartimos tus datos.
Todo lo que necesitas saber antes de empezar con Aura.
Aura es la app de conserjería de una comunidad. Está pensada para edificios, condominios y parcelas: el conserje registra quién entra y las encomiendas que llegan, y el vecino recibe el aviso en su teléfono.
Hoy Aura está en prueba cerrada, así que se entra por invitación: te anotamos y Google Play te manda el enlace para instalarla en cualquier teléfono Android. Es gratis para el vecino y para el conserje, y una vez instalada se escribe el código de la comunidad y se entra.
No. El vecino y el conserje entran escribiendo el código de su comunidad, sin correo ni contraseña. Solo quien crea la comunidad necesita una cuenta, porque es quien contrata el servicio y tiene que poder recuperar el acceso.
Android 8 o superior y conexión a internet. La app pide permiso para enviar notificaciones la primera vez que se abre; si se niega, los avisos no llegan aunque la app funcione.
No. La app necesita internet para registrar y para enviar los avisos, porque la notificación tiene que llegarle al vecino en el momento. Registrar una visita sin conexión y sincronizarla después haría que el aviso llegue tarde, que es justamente lo que la app evita.
El conserje escribe el nombre de quien entra y elige la vivienda de la lista de casas de la comunidad. Elegirla en vez de escribirla es a propósito: así la casa que anota el conserje y la que ve el vecino son la misma, y no dos maneras distintas de escribir lo mismo. Con esos dos datos basta; el resto de los campos son opcionales, porque exigirlos haría que el conserje inventara datos para poder avanzar, y un dato inventado es peor que uno ausente.
El teléfono de la conserjería lo comparten todos los conserjes, así que la app pregunta quién está de turno antes de dejarlo registrar. Todo lo que se anote en ese turno —visitas, encomiendas, salidas— queda a su nombre, y el vecino ve quién lo registró. El cambio de turno deja de depender de lo que alcance a contarle el que sale al que entra.
Es alguien que esa vivienda no quiere que entre sin avisar. Cada vivienda tiene su propia lista y la administra desde su teléfono. Si esa persona se presenta en la reja, al dueño le llega una notificación con el nombre y con el de quien lo anotó; y recibe un segundo aviso cuando se va. La lista es de la vivienda, no de la comunidad: ningún otro vecino la ve.
Sí, y conviene. El destinatario es un campo de la encomienda, y sirve para lo obvio —dos paquetes que llegan el mismo día a la misma casa— y para el aviso, porque al vecino le llega el nombre de quien espera el paquete y no solo «llegó una encomienda».
Sí. El administrador y el super administrador agregan, renombran y eliminan sectores desde la app, sin tener que crear la comunidad otra vez. Al renombrar uno, los vecinos que viven ahí y las visitas que siguen abiertas pasan al nombre nuevo, así que los avisos les siguen llegando; el historial no se toca, porque esas visitas fueron a la casa que se llamaba así en ese momento. Un sector solo se puede eliminar cuando ya no vive nadie en él.
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El mismo equipo detrás de Aura construye software a medida: desde aplicaciones web y móviles hasta soluciones con inteligencia artificial integrada, adaptadas exactamente a tu negocio.
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Cada visita anotada, cada encomienda con su dueño y cada vecino enterado en el momento. Sin cuadernos, sin grupos de WhatsApp y sin capacitar a nadie: 14 días sin costo, con todo funcionando desde el primer día.